LITERATURA ARGENTINA    

               

 

 
 

 

 

 

Los álamos están como soñando,

quietos en la dulzura vespertina;

bajo la rutilancia mortecina

del sol la fronda muda está soñando.

 

Todo está mudo como siempre cuando

la ilusión de las formas se termina;

y el aire, hecho silencio, disemina

la paz letal de los que están soñando...

 

¡otro día que pasa y no la viste!

Ayer tampoco y así siempre. El día

como una hoja seca cae del cielo.

 

El día pasa y caminante triste

todo se lleva en triste compañía,

que triste compañía es mi consuelo.

41.

La sirena fatal fuera piadosa

para el ilusionado por su canto

que a punto de caer rompiera el llanto

y gemebundo le dijera: ¡oh, diosa

 

del mar azul, perdóname! Tu encanto

apaciguado, deje a pesarosa

vejez que llegue al lado de la esposa

que en las ausencias he nombrado tanto.

 

La sirena le oyera... Pero es mía

suerte más despiadada:

y el alma olvida lo que tanto ansía

 

que es verse en ciego olvido serenada,

pues cuanto más la imploro más me oprime

y jamás mi sollozo me redime.

42.  

También el vivir diario nos separa,

tanto que fuera más feliz intento

juntar al agua clara el óleo lento,

que unir las manos que el ensueño ampara.

 

Tu vas siempre con un florecimiento

de alegría alumbrándote la cara

y amable compañía te depara

diario olvido ante rápido contento.

 

Pero yo melancólico, suspiro

y solitario por las noches vago

y te veo de lejos y te miro

 

con ojos de vergüenza; y como en pago

de haberte visto, digo con tristeza:

Sí... nos separa la naturaleza.

43.  

Algunos dicen: ¿cómo es eso: muda

tu arrogancia de ayer paró en vacío?,

¿y es justo que el silencio preste a duda

el buen linaje de tu antiguo brío?

 

-La gallardía memorada tanto

no está, ¡por Dios!, ni muerta ni enterrada,

sólo que espero la estación del canto:

¿no tiene invierno tanta especie alada?

 

Seguramente la labor proscrita,

bella durmiente, espera al que rescata

de escarcha estéril leve margarita.

 

Pero aunque el triste estado de hoy me abata,

saque Disculpa esta razón postrera:

¡siempre espera que llegue primavera!

44.  

El áspera razón de abandonarte

aunque tiempos mejores nos sonrían,

no es de las que en epístola se envían

ni de las que, sutil, decora el arte.

 

Es razón de decir entre sollozos,

porque es así como uno la adivina,

y valida de penas asesina

firme esperar de justos alborozos.

 

De una pobre apariencia, es, sin embargo,

la imperiosa razón de tanto embate

que a honrado corazón mucho combate.

 

Pues siempre hidalgo bueno bebió amargo,

cuando frustrado su derecho había

el pan fundamental de cada día.

45.  

Perdóneme el amor cuando comprenda,

mi vivir cotidiano rectifique

y una fácil razón fije y explique

lo que razón de arte desenmienda.

 

Pues a veces siguiendo la ondulante

senda imaginativa dejo un verso

a mi constante sentimiento adverso

e infiel por relucirse más brillante.

 

Así a desdén que no me hiere imploro

y una ilusoria pena a ratos lloro,

¡tanto la mente en fantasear disperso!

 

Y el ser que de amistad tan noble vive

honor de mi labor jamás recibe...

Tiene mi vida que bien vale un verso) 

46.

Entro a mi casa fatigado bajo

la ley del diario y mísero trabajo

que seca la espontánea flor del poco

de ensueño... ¡Y siempre así!... Y siempre invoco

 

a lo más puro y libre de mi ser,

a lo más permanente para hacer

la ciudadela blanca en que me olvide

lo que fatal necesidad me pide...

 

Blanca carilla ante de mí vacía

como escenario abandonado espera

la pequeña tragedia de mi día.

 

Pero fatiga estéril te lacera,

¡oh, alma! y como un perro en el umbral,

te duermes en la hoja virginal.

47.

Motivos de aflicción me han puesto cerco

y a pesar de su rígida porfía,

no es razón de tenerlo a insulto terco,

sino cual preferencia y cortesía.

 

Al cabo esa su enérgica enseñanza

me da tan abundante disciplina,

que ni me hastía el bien ni el mal me cansa

si asunto de aprender de ambos declina.

 

La edad de más afán me yace muerta:

lo que sufrí, pasó; mas me avigora

fuerza mayor y comprensión más cierta.

 

Aún el largo dolor de haber amado

de tanto me sirvió que estoy ahora

para amar nuevamente preparado.

48.  

Cuando nuestro silencio se deshoje

como en ociosa mano un crisantemo,

ya no será mi voz esa que escoge

para decir su angustia el bien supremo.

 

Y si otra vez en esta vida blanca

como un sudario, te volviere a ver,

¿tendrán mis ojos la mirada franca

que vio tu adolescencia florecer?

 

También si nuestras manos se aproximan

serán como palabras que no riman

o como dos latidos siempre alternos.

 

Pues un día ha pasado sin soñarte,

día que inexpiable y fosco parte

la tácita unidad de parecernos.

49.

Múltiple vez he visto en la novela

que los del mal de todos guardan una

prenda que en todo plazo les revela

la pasada fortuna.

 

De cabellera que no más es bruna

les queda un rizo; o una antigua esquela,

o en terso esmalte tersa frente, una

frente que de impasible desconsuela.

 

De condición igual cierto no puede

gloriarse mi afección que no me cede

cosa que sobreviva de este instante.

 

Y alguna vez en menester de aquella

que es de tiempo mejor durable huella

¿tendrá donde posarse el beso errante?   

50.

 
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