LITERATURA ARGENTINA    

                 

 

 

 

 

II

 

¿Entonces sigue mi infeliz suspiro

superviviente luz de estrella ausente,

o los mirajes de mi propia frente

como el viajero del desierto miro?

 

¿Es una de esas formas que un abrazo

ilusorio nos dan sólo en el sueño,

sombra que nunca me tendrá por dueño

será la gloria acaso?

 

¡Nunca! Mi corazón inconsolado

bien sabe que ha pasado por su lado.

Su presencia lo llena, como a copa

 

el óptimo elemento. Está en mi boca

su nombre que jamás se parte de ella...

¡Tú no eres irreal, aunque eres bella! 

11.

I

 

Cubra tu forma de ánfora un sudario,

lleva en la mano el arlequín de paja

del deseo difunto y desencaja

de ti misma el impulso pasionario.

 

Y anima en tu atavío funerario

un pie de sombra, un paso, así, en voz baja...

Vayamos al país de la mortaja

y al sitio finalmente hospitalario.

 

Vamos a ver la dama que con metro

igual nos mide a todos. Cuyo cetro

es la amapola erecta y asfixiante.

 

Cuyos son el palacio y los salones

con la base en la tierra devorante

y con techumbre en las constelaciones.

12.

II

 

Surge una hoz en la marmórea entrada,

blanca como el silencio... O voi che entrate...

vosotros, mármol en que nada late,

columna en tierra, espiga cosechada...

 

En vez del huésped de la rama, el trino,

grandes lágrimas vierten los cipreses.

Alma, enmudece, que no sirven preces,

ni vale el lloro donde está el Destino.

 

Mira el rebaño blanco de las piedras

tumbales, y pastores, a las hiedras

quietos en la pradera taciturna...

 

-¡Juventud!- ¡oh, qué cosa llamas, alma!,

¿con gloria y tempestad nombras la calma?...

Y en eso sonó un canto en una urna.

13. 

III

  

En una antigua urna cantó un grillo.

Decía: “en la cabeza de tu hermano

levanto un canto rápido y lozano

y me sirve de atril cráneo amarillo.

 

Por furtiva rendija entré en la fría

caja; y entre los pálidos despojos,

(¡maravilla de oídos y de ojos!):

venciendo al Tiempo su ilusión vivía.

 

¡Alegría fugaz de haber vivido,

alegría fugaz, la he recogido

como la abeja de la flor el polen,

 

para que mis sonidos la enarbolen;

y de ensueños del muerto se hace el canto

que como musical pendón levanto!”.

14. 

IV

  

Cantaba: “Salud, día del verano

diáfano, salud mies erguida y río

lleno de cisnes, y salud, hermano

cuyo labio es corola con rocío;

 

álamo ceniciento en el camino,

novia en cuyo mirar tan dulce y vago

copiado parecía mi destino,

como refleja blanca vela el lago”...

 

Dijo así la ilusión sobre aquel muerto.

Y alma, tú suspiraste: “el Hado quiera

que se alce un canto en mi quietud postrera.

 

Y se prolongue mi poema y yerto

lo que amé rememore, en la canción

del Grillo, lira de resurrección.

15.

Hijo blanco y moreno de las mieses,

pan nutridor, mi sangre te incorpora.

Serás quizás al cabo de los meses

la viva luz que mis pupilas dora,

 

o en el cerebro el nervio de la oda,

o en la garganta el hálito vocal,

ya que la ley renovante cambia toda

materia en expresión espiritual...

 

Hijo triste y fatal de los sentidos,

¡oh, amor! En esto acabas: en canción.

Nada es estéril, no, ni la ilusión,

 

ni el sueño, ni los pétalos caídos...

Aun del mismo dolor de haber amado

se hace el Arte un trofeo conquistado. 

16.

¡Si fuera tiempo de empezar la vida!...

En decisivo instante así pensaba

cuando de iluso olvido sólo esclava,

mi alma parecía redimida.

 

¡Mísera libertad!: ¿qué me dejaba?

Me acordaba por quien tengo perdida

la leve edad que al porvenir convida

y el antiguo vigor que levantaba

 

mi nombre entre los seres argentinos.

Después decía, como quien delira:

ama sólo a los pájaros divinos,

 

a la divina soledad aspira

y a la azulada sombra de los pinos...

Y la llamaba, como quien delira.

17.

Un príncipe va en selva de laurel:

capa de seda, rosa en el sombrero,

cincelado el arnés de su corcel...

Cual de leyenda fue mi amor primero.

 

Como la madre pobre que sostiene

con el valor de su virtud la casa,

la misma noble fortaleza tiene

este ignorado amor que inútil pasa.

 

Y es como alguna pálida colina

que en la armoniosa calma vespertina

parece hacerse toda pensativa...

 

Pero mi orgullo que es la sensitiva

que se repliega si la tocan, guarde

cerrándose, este amor para más tarde.

18. 

¿Dónde está aquella audacia blanca y fuerte

que imperativa, enérgica y audaz

tiraba un guante al rostro de la Muerte

y este nombre tenía: ¡Siempre Más!?

 

La que de pie, la mano en la cadera

y envuelta en el pendón de su entusiasmo,

lumbre llevaba en la mirada fiera

y en el labio enigmático sarcasmo.

 

...Mal tiempo es éste para el porte altivo.

El espíritu, vuelto pensativo,

sólo quiere una cosa: que lo olviden.

 

Como de lejos, sus palabras piden:

¡déjame solo, déjame soñar!

¡déjame solo, déjame olvidar!

19.

Hay quien pide razón porque no llevo

el diapasón del general clamor,

y porque no resumo en verso nuevo

no mi vario dolor, sino el Dolor.

 

Siento como a torrente la conciencia

múltiple; siento a todos que soportan,

dalmática de plomo, la existencia...

Pero las multitudes ¿qué me importan?

 

¿Qué me importan las negras muchedumbres,

el tropel de las leyes y costumbres

y el gran rumor de mar de todo el mundo?

 

Pues mi motivo eterno soy yo mismo;

y ciego y hosco, escucha mi egoísmo

la sola voz de un pecho gemebundo. 

20.

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